La Decisión

El drogadicto, el alcohólico, la persona con severos trastornos de conducta, que incluye frecuentemente el delito grave: robo a mano armada, secuestro, incluso homicidio, arrastra a todos sus allegados al peor malestar no habiendo posibilidad de que se detenga solo en esa loca carrera hacia los accidentes fatales, la cárcel, las graves enfermedades, la hospitalización, los escándalos, la vagancia, el malgaste y desperdicio de sus vidas, el deterioro físico, el desorden alimentario, los trastornos psicológicos y psiquiátricos, el vacío en todos los órdenes, la auto-agresión y el suicidio, las pérdidas de los vínculos de solidaridad y participación, la pérdida de la capacidad lúdica y creativa en un marco de armonía social, terminando prematuramente en la muerte física.

Estos trastornos alteran profundamente la voluntad del sujeto, siendo imprescindible y fundamental partir de la base de que se debe dejar de considerar la posibilidad de una modificación espontánea de su conducta. No importa lo que el adicto quiera, ya que nunca puede elegir el mejor camino. Siempre ha elegido lo peor para su vida, no sabe elegir, se encuentra enfermo desde el punto de vista psicológico y eso lo lleva siempre a optar por conductas autodestructivas, riesgosas, mortíferas.

El adicto va a continuar diciendo frases tales como: